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VOCES DEL BARRIO

junio 9, 2010

La ausencia de libertad de expresión quizás sea uno de los problemas más graves que aqueja a nuestra nación, sin embargo, a diferencia de la insolvencia de los salarios, la dualidad monetaria o la incapacidad para producir alimentos, éste es un asunto que puede resolverse exclusivamente a partir de la voluntad política de nuestros gobernantes o de la decisión de los ciudadanos de ejercer un derecho que es indiscutible.

En cada barrio cubano, por humilde que sea, existen personas que tienen muchas opiniones sobre nuestras más agudas dificultades, pero, sobre todo, allí viven las víctimas de todos nuestros problemas, de aquellos que tienen un carácter general, y de los otros diversos y complejos que afectan a una comunidad en particular. Se sobreentiende que los mecanismos del Poder Popular están allí para encaminar y remediar todas esas situaciones, al menos para responder de forma transparente lo que tiene o no solución.

Con ese propósito cada seis meses los Delegados de Circunscripción tienen que rendir cuentas a sus electores. Sin embargo, estas asambleas se ven mediatizadas por la indiferencia y el miedo generalizado a exponer críticas a la gestión gubernamental y por la compartida docilidad con que se aceptan las justificaciones. Hace falta una voz que hable por los que callan.

Si, como parece evidente, existe la voluntad de que el Delegado de la Circunscripción se comporte como el representante del poder ante los ciudadanos, en una mera correa de transmisión, en lugar de ser el representante de los electores ante el poder, entonces alguien tiene que asumir cívicamente el papel de vocero de los intereses de la comunidad.

El proyecto “Voces del Barrio” tiene como propósito estimular la iniciativa ciudadana para canalizar las inquietudes que no salen a la luz pública a causa de la indolencia o el miedo. No se trata de duplicar o sustituir en sus funciones al Delegado, que está obligado y facultado por la ley a elevar las quejas, las interrogantes y las sugerencias de la población, sino de lograr que estas cuestiones lleguen a sus oídos.

Si en las diferentes circunscripciones en que están formalmente divididos los municipios, hubiera al menos un vocero que colectara y verificara los problemas que afectan a la población, los delegados no tendrían otro remedio que tramitarlas a las instancias que correspondan. Si, de manera paralela, lo recopilado por el vocero se hace público de algún modo, se elevaría el compromiso del delegado con sus electores y la obligación de las instituciones a responder ante los planteamientos.

El proyecto “Voces del Barrio” se propone también sustentar un espacio donde se muestren las inquietudes ciudadanas. Como no resulta posible contar con un programa en la radio o la televisión, ni con un medio que circule impreso en papel, solo nos queda apelar a este sitio digital, que si bien tiene el defecto de no tener un acceso masivo de la población cubana, tiene la ventaja de poder ser consultado por los que gobiernan el país y por los medios de difusión, así como por personas comunes y corrientes en muchos lugares del mundo.

No estamos con esto fundando una organización con estructuras y jerarquías, sino invitando a los que han perdido el miedo a que usen su valentía para darle voz a los que sufren en silencio. Los convidamos también a que usen este espacio donde aspiramos amplificar todas las voces del barrio.

Ciudad de la Habana, 9 de junio de 2010

Animadores del proyecto Voces del Barrio

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